8 diciembre, 2015

Pasajes

escanear0683

Mujeres xhosa en Park Station, Johannesburgo, Sudáfrica. Septiembre, 2007.

La compañía Shosholoza Meyl conecta por tren las principales ciudades. Shosholoza, palabra zulu, significa seguir adelante. Nombre de una canción popular entre los obreros de lo que fue Rodesia.

Un policía advierte a los turistas blancos que no deben caminar solos, el barrio es negro: no pasarán desapercibidos ni serán bienvenidos.

escanear0685

Ciudad del Cabo, Sudáfrica, 2007.

“¡Robó mi cartera!”, gritó un coloured de colmillo dorado y me señaló. “¡Ella!”, con odio, “¡la mexicana!”. Nos habíamos visto minutos antes en una escalera.

Los días de invierno son cortos. El viento acalambra. Perdida en la oscuridad, una mujer me había guiado hasta la estación de trenes. En las escaleras preguntó mi origen. Al responderle, el hombre volteó y sonrió. Cruzamos miradas y vi su incrustación dorada.

“¡Policía!”, comenzó a gritar el hombre. Quedé inmóvil con el boleto en mano que acababa de pagar en taquilla. Intentó agarrarme del brazo. “¡No!” grité y lo alejé con las manos. Los testigos me rodeaban como moscas. Susurraban.

La policía llegó y me sujetó. En la estación más cercana me interrogaron. Mientras, el hombre gritaba desde una sala y me acusaba de haberle robado la cartera. Al no encontrar nada en mí me soltaron.

Corrí de regreso a la estación. Encontré que sólo quedaba un tren con mi destino. Lo abordé. Segundos antes de partir vi al hombre del colmillo dorado. Sonó la bocina. Las puertas cerraron pero él las abrió y tomó el último vagón.

escanear0706

Kimberly, Sudáfrica, 2007.

“Tenemos un problema con el abastecimiento de energía” advirtió el maquinista por el altavoz después de que el tren llevaba más de una hora detenido. Afuera, una parte del desierto del Kalahari. El maquinista sacó una silla y la acomodó sobre la arena. El resto de su equipo hizo lo mismo. Los pasajeros, abandonaron sus localidades y también. En el vagón del restaurante se acabó la comida, el agua. El tren arrancó horas después. Llegó a su destino con casi catorce horas de retraso.

escanear0294

Estación de Gaborone, Botsuana, 2008.

escanear0590

Pajes. Maun, Botsuana, 2008.

No siempre hay transporte público. “Párate a la orilla del camino. Cruza los brazos frente al pecho y los autos particulares y tráilers que pasen sabrán que eres pasaje”, me instruyó un local y poco tiempo después de hacer la seña una mujer se detuvo y preguntó “¿a dónde te diriges?”.

“¿Nunca has visto a un elefante en la carretera?” me preguntó la mujer con cara incrédula mientras manejaba. “No” respondí y a los pocos minutos había visto cientos.

“Es fácil chocar con ellos”, dijo riendo, le pagué unas pulas por el trayecto recorrido y me dejó en una encrucijada. Ella seguiría hacia otro rumbo. Para mi objetivo faltaban más de dos horas. Debajo de un árbol, recargada sobre la maleta esperé. Después de una hora apareció un coche a lo lejos. Hice la seña y se detuvo.

escanear0592

Maun, Botsuana, 2008.

Viajaban dos hombres con el parabrisas estrellado. Habían chocado pocas horas antes contra un burro. Llevaban más de dos días de travesía. El conductor se dirigía a su boda. Sería la próxima semana. Ante su invitación, asistí.

El día del festejo rentó dos camionetas del transporte público de Maun. Hay pocos coches en el área. A los invitados los transportaron a las afueras de la ciudad. Junto a una escultura gigante de un oso hormiguero se retrataron. Después regresamos al pueblo. Las mujeres guiaron la ceremonia. Se mató a un cabrito, lo asaron y compartieron. Luego fiesta. Todos bebieron y bailaron.

escanear0389

Okavango, Botsuana, 2008.

“Tomará más de un día”, dijo el dueño de la embarcación sobre alcanzar mi destino. Recomendó llevar una botella de agua, una taza, una bolsa con arroz, latas de comida y algo para protegerme del sol. Para adentrarse en el delta que forma el río Okavango hay que remar.

La tierra es fértil y el agua atrae a miles de animales. El sol, devastador. La embarcación es estrecha, un movimiento brusco puede significar caída. Tuvimos que parar y acampar para continuar por la madrugada.

Caminamos hasta llegar a un área limpia de árboles y arbustos, cerca del agua pero suficientemente lejos de los cocodrilos. El hombre armó una fogata, “debe mantenerse encendida”. Cargaba un cuchillo pequeño. El humo advierte a los animales de que hay peligro. Sólo las hienas se acercan, mamíferos curiosos y canijos capaces de cazar leones moribundos.

escanear0629

Okavango, Botsuana, 2008.

Me explica. Los elefantes son territoriales. Para acercarse hay que leer el trazo del viento. Si viaja de ti hacia el animal sabrá que estás ahí. Probablemente quiera embestir. Si lo hace hay que quitarse la ropa y correr. En ella saciará su furia.

Las leonas pueden ser inofensivas. Se mueven en manada. El león es huevón. Si aparecen en el camino hay que mantenerse inerte. No ven colores. Un movimiento te convierte en presa. Son curiosas, se acercarán, “jugarán contigo” y mientras no te muevas, desaparecerán.

Zafarse de un cocodrilo es más difícil. Hay que morderle los dedos. Pero el leopardo, felino solitario, ágil y amo de las ramas de los árboles, pasa desapercibido. Sorprende. Si su mirada encuentra la tuya “no parará hasta cazarte”.

Por la noche, el silencio del día se convirtió en escándalo. Las criaturas de la selva avivan. El fuego prendido me mantenía tranquila. Comenzó a llover y el humo desapareció. Alrededor de mi campamento se escucharon pasos. A lo lejos, risas. Intenté dormir. Regresar al agua no era opción y la construcción más cercana era una colonia de termitas.

escanear0768

Estación de Maseru, Lesoto, 2007.

“Saldrá a las once” aseguró el conductor. Cuatro horas después el autobús seguía estacionado. No partiría hasta que el último asiento quedara ocupado.

Lesotho es un reino entre montañas. Los caminos, curvas. Al anochecer el autobús se detuvo en un pueblo y anunció no seguir más. No había hoteles ni cuartos de hospedaje. Un policía se acercó y me ofreció su casa. Acepté.

escanear0778

Policía, Lesoto. 2007.

Su casa era un cuarto con una cama, cobertor imitación piel de vaca, un quinqué, una estufa conectada a un pequeño tanque de gas y un cartón lleno de huevos. No tenía baño. Una letrina fuera del cuarto. Por la noche el viento frío se filtra por debajo de la puerta. Cenamos cervezas y pollo frito. Me dio sus llaves. Él durmió en casa de un amigo.

escanear0211

Ferry, río Zambeze. Kuazungula, Zambia, 2007.

Frontera entre Namibia, Botsuana, Zambia y Zimbabue. El ferry cruza el río durante el día. Transporta pasajeros, automóviles y animales.

escanear0666

Taxi bicicleta, Zambia, 2008.

A pocas horas de Lusaka, capital de Zambia, en una aldea construyeron una fábrica de bicicletas. Desde que abrió es el único transporte que se utiliza en el pueblo. Niños y viejos se acercan rodando. Por unas monedas mueven bultos, maletas y personas. Cuando la bicicleta y canasta parecen insuficientes, el conductor coloca los bultos sobre su cabeza y pedalea.

escanear0748

Conductor y copiloto. Lilongwe, Malawi, 2008.

Uno conduce, el otro cobra y busca más pasaje. Se asoman por la ventana y gritan el destino de su vehículo. Pelean contra otros conductores por los clientes. Donde caben seis apachurran diez. Los bebés no pagan pues viajan amarrados a las espaldas de sus madres. La música, su religión. Casi todas las bocinas están dañadas. Parece no importarles. El volumen siempre está al máximo.

escanear0750

Parabrisas. Paradero de Lilongwe, Malawi. 2008.

escanear0749

Paradero de Blantyre, Malawi, 2008.

La mayoría de los caminos son brechas y terracería. En temporada de lluvias por el lodo los vehículos se atascan. “No más” grita la gente desde adentro de la camioneta pues el conductor quiere subir a una persona y ya no cabe. Al chofer no le importa. “Hablan mucho, se quejan mucho” dice a los que protestan.

Los pasajeros nuevos suben con llantas, láminas y material de construcción. Las llantas de la camioneta están ponchadas. El conductor arranca y las gira durante quince minutos antes de detenerse en una estación de gasolina. A una le pone aire, la otra la cambia. Horas después, a medio camino, la puerta se zafó y cayó. Tras escuchar el golpe el conductor se detuvo. La amarró con un alambre y continuó. El límite de velocidad no importa.

escanear0251

Ferry. Bahía de Makata, lago Malawi, 2008.

Por las noches, sobre el lago Malawi, la tranquilidad permite que se refleje el cielo. Un ferry viaja lento entre la oscuridad. Llega a las islas al amanecer. Hace calor. Hay poco viento. Los pasajeros extienden una tela o un petate sobre la cubierta y descansan.

escanear0188

Pescador. Isla Likoma, Malawi, 2008.

Las costas del lago Malawi o Niassa, pertenecen a Malawi, Mozambique y Tanzania. Para cruzar de las islas, propiedad de Malawi, hacia Mozambique hay que pagar a los pescadores. No hay más navíos. Durante el trayecto pescan. “He sacado poco, asustas a los peces”, me dijo uno, culpando a mi piel.

escanear0283

Lago Niassa, Mozambique. 2008.

“¡Ciérralo o perderá sus propiedades!” exclamó Mr. Bondo después de que tomé Tipo tinto, un ron local, y no le puse la tapa.

Mr. Bondo me permitió acampar debajo de un techo de palmeras afuera de su casa. Enfrente jugaban los niños en el lago. En esa aldea pasaba una camioneta cada dos o tres días. Era la única salida. “Mantente cerca de los caminos” me recordaba Mr. Bondo pues todavía quedaban algunas minas sin detonar del FRELIMO.

Mr. James Bondo estaba convencido de que a los blancos no les gusta la música. Tampoco el ruido. A los pocos que había conocido siempre pedían “que le bajara al sonido”. En su aldea no había electricidad. En su cuarto tenía un pequeño estéreo que conectaba a una batería de automóvil. Entre sus vecinos, no subirle al volumen es una falta de respeto, “¿cómo tener música y no querer compartirla?”.

escanear0304

Lichinga, Mozambique, 2008.

Al norte de Mozambique lo conocen como El fin del mundo. Ahí, las camionetas que conectan las ciudades salen entre las dos y cuatro de la mañana. El camino son baches, topes y zanjas. Solo hay uno. “¡Otra!” gritaban al conductor los pasajeros que, por la hora, estaban borrachos. Seguían bebiendo y pidiendo canciones. Entre los pasajeros comparten trago, galletas, plátanos y huevos duros con sal. Las canciones más populares las cantan todos.

escanear0250

Revisión de policía. Mozambique, 2008.

escanear0339

Mozambique, 2008.

El autobús se detuvo pues se había quedado sin combustible. El chofer mandó al copiloto a comprar un litro en la aldea más cercana. Regresó corriendo con un tambo y gasolina. Poco después una mujer exigió su parada.

Bultos, cajas, gallinas, niños y más. El autobús viajaba repleto. La mujer baja y se escuchan gritos. Entre sus pertenecías viajaba un cabrito. Al no caber adentro, el copiloto lo amarró del techo. El cabrito se había caído.

La mujer a gritos reclamó al chofer y amenazó con golpear al copiloto. Ofrecieron pagarle el valor del cabrito. Ella se rehusó. Era para el festín familiar. El dinero no le conseguiría otro y faltaban pocas horas para la cena.

 

 

Leer completo