“Your right way is our wrong way”, me advierte un inglés para evitar que, por despistada, circule en sentido contrario por las calles de Londres. Después de dos salidas equivocadas, un poco de tráfico y la ayuda del waze llegamos al número tres de Abbey Road. El “best studio of the world”, como ellos se presentan, nos espera.

En el estacionamiento, un hombre alto, negro y fuerte, nos indica que debemos dejar las camionetas en los cajones once y doce. La Agrupación Cariño ha viajado por semana y media. Ha cruzado Alemania, Holanda, Bélgica, Francia y, por transbordador, llegado a Dover para continuar rumbo a la capital inglesa.

Entramos a la recepción. La decoran placas con los nombres de Fela Kuti, Miss Betty Davies, Depeche Mode, The Killers, Brian Wilson, The Pink Panther, Elton John, Oasis, Shrek, Primal Scream y otros que han grabado ahí.

La encargada nos señala cómo llegar al estudio dos. Hay que montar backline e instrumentos. En una misma sesión se grabarán a los diez músicos de la agrupación. Cada uno en un canal por lo que es importante mantener cada instrumento lo más aislado posible de los demás.

En los pasillos cuelgan fotografías. La mayoría en blanco y negro con marialuisas blancas y marcos plateados. Todas las imágenes tomadas en los estudios. Todas de bandas musicales y sus alineaciones originales como Pink Floyd sin David Gilmour. Documentan la historia de la música occidental del siglo pasado y el presente, rock, jazz, blues, clásica, punk y ahora llega la cumbia. Las impresiones más recientes son a color.

Bajamos por escaleras alfombradas, una maceta con orquídeas moradas se asoma por la ventana. Junto a la puerta del estudio dos encuentro un letrero de no abrir si la luz roja está encendida. Ahora está en verde así que giramos la manija con fuerza y entramos en la sala de grabación. Techos altos, parece estadio de basquetbol. Paredes de tabique pintadas de blanco, piso de madera y alfombras que se  acomodan de acuerdo con los instrumentos.

En una esquina descansa el piano en el que Sir Paul McCartney grabó Lady Madonna. Las teclas de las dos escalas centrales han perdido su cubierta de marfil pero el sonido se mantiene. Junto, un órgano, arrinconado; ahí se crearon las primeras notas de Strawberry Fields Forever. Chícharo, nueatro tecladista, utilizará un piano de cola negro, elegante como pantera. Lo afinaron hace tres horas.

Dentro del estudio, otras escaleras conectan con el cuarto de control. Desde arriba y a través de una ventana los ingenieros observan y monitorean la preparación de los micrófonos, los canales de grabación y la acústica. Esas escaleras se construyeron hace pocos años. Antes, para ir del estudio de grabación a la sala de control había que salir y utilizar las alfombradas, que también conectan con la cafetería.

El café americano cuesta una libra con veinte peniques. Hay cerveza Guinness o cyder Suffolk de barril a tres libras, ganga para Londres. Una mujer delgada, cabello blanco, manos encorvadas y elegantemente decorada con camisa de estampado tipo leopardo lo atiende. Parece ser la dueña. Le dicen “my love”. Reliquia de Abbey Road.

La agrupación se prepara. Se ponen su distintivo saco azul cariño con chaleco y pañuelo. La emoción esconde el cansancio de la travesía, de conciertos de cinco horas, de dormir en casas de campaña y de las múltiples desveladas acumuladas.

Dentro del estudio sólo los ingenieros y técnicos pueden mover equipo. Un error nos puede costar un millón de dólares, lo especifica el contrato de renta.

En el cuarto de control hay una consola gigantesca con setenta y tres canales. “Hay lo que hay”, dice el Monster, vocalista de la Agrupación Cariño, refiriéndose al resto del equipo. Cuando en México tienen seis de uno, aquí tienen uno. No necesitan más, con eso sale y lo saben.

Cualquier cosa debemos pedirla a Stefano, italiano. Algo de él me transmite nostalgia. Hubo una mujer a la que amó. Ella enfermó y le calcularon tres meses de vida. La noticia la guardó en el corazón. La confesión llegó con su muerte. Stefano jamás la olvidó.

Los músicos caminan por los pasillos cargando sus instrumentos. Saludan y sonríen a los que cruzan. Carteles de películas también cuelgan sobre los pasillos. Su música se grabó ahí. Star Wars, Gravity, Lord of the Rings, Harry Potter, The Kings Speech, 007. Algunos autografiados. Dicen que durante la grabación de uno de los scores más famosos, el director de orquesta se molestó con los productores. Su forma de manifestar enojo fue guardando quince minutos de silencio dentro del estudio. Con los músicos listos, en posición de ataque. Después retomaron la grabación.

“Good day for working” dice un músico al ver el cielo nublando desde el patio afuera de la cafetería. Ahí se permite fumar. Con el hombro sostiene un chelo enfundado. Antes fumaban en los estudios. Una foto de Frank Sinatra al micrófono y con un cigarro en la mano lo documenta.

Regreso al estudio dos. Cada vez hay más cables de colores que cruzan de lado a lado sobre el piso de madera. Ahí se grabó el álbum Dark Side of the Moon de Pink Floyd, el Ok Computer de Radiohead y casi toda la discografía de los Beatles.

En el estudio uno graban las orquestas; gran parte de la historia de la música clásica y scores de películas pasaron por ahí. En tamaño es el más grande. Techos enormes y sonido impecable. Mientras está en uso queda prohibido asomarse. La próxima semana albergará una orquesta de noventa músicos.

En el estudio tres también se graban bandas pero es más pequeño que el uno y el dos.

Voy al baño atravesando consolas viejas. Le apodamos el pasillo del retiro. Los retretes son más bajos que en nuestro destino previo; Los Países Bajos. Allá sentía que mis pies volaban. Al verme en el espejo imagino a las que han usado ese mismo baño; María Callas, Amy Winehouse, las Spice Girls, cientos de mujeres que dejaron su vida grabada ahí. La música encuentra salida sin importar el género.

Dice Monster que el baño de hombres sólo tiene mijitorio. En otro baño, otro de los músicos, encontró un retrete. A la brava descubrió que estaba averiado.

Encuentro una foto de Queen en el pasillo. Junto, los Beatles, Rolling Stones y decenas más. Durante años admiré a Freddy Mercury. Recuerdo cuando me propuse conocer la tierra que lo vio nacer. Comprender su pasión entre melodías. Entonces abordé un tren en Ciudad del Cabo y viaje, por aventones y en transporte público, hasta la isla de Zanzíbar, Tanzania. Dos meses y medio después llegué y caí encamada por Malaria durante dos semanas. El curandero del pueblo me ofreció entre dos pastillas “the expensive one or the one I use”. Me fui por la que él usaba y esperé. Los triunfos implican riesgos y pérdidas.

“Ahora sí, ídolo, lo logramos” dice Monster a Noé, baterista de la agrupación. Hace tres años, Monster escribió al estudio. No le hicieron caso. Lo volvió a hacer y tampoco obtuvo respuesta. La tercera es la vencida, pensó, y lo logró.

Los ingenieros han terminado de montar el backline y a cada músico en su canal. Todos se grabarán en una misma sesión. El estudio se ha convertido en un organismo vivo. Al día siguiente, se rumora, Roberto Carlos creará a su propio monstruo.

Desde la ventana del cuarto de control veo la alineación final. En la parte trasera está la batería, a su lado derecho el piano de cola, del izquierdo los metales y luego guitarras. Alrededor de las congas han montado unas mamparas de acrílico para aislar un poco más el sonido. Monster al centro, cantará sobre un tapete verde. Cada canción se repetirá y grabará tres veces.

Los estudios abrieron puertas en 1931. Eran propiedad de EMI, ahora son de Universal. Los turistas no pueden entrar. Unos llegan hasta la recepción y con una sonrisa la secretaria les avisa que no pueden estar adentro. Suele haber un hombre de seguridad pero hoy es su día libre. Cientos de turistas pasan diario. Se quedan  en la reja de afuera y rayan la pared con distintas leyendas: “all you need is love”, “la familia Robles”, “Pilar de Argentina”, “Los Beagles”. La gente quiere dejar huella de que ha estado ahí.

Dicen que el estudio dos era el favorito de los Beatles. Un día llegó Sir Paul y lo pidió. Se lo negaron pues unos jóvenes ya lo usaban. Manifestó su enojo. Mejor escúchelos, le recomendaron. Eran Pink Floyd.

Agrupacion Carino

La agrupación se reúne en la entrada y les tomo una fotografía. Regresamos al estudio y comienzan a afinar sus instrumentos. Las luces han creado un ambiente de calor casi tropical. Se sienten los nervios antes de comenzar. Se pulen los últimos detalles. Uno se tropieza con una luz y produce caras pálidas.

Cada uno se coloca unos audífonos para escuchar las instrucciones de los ingenieros y lo que se va grabando. Desde que abrió puertas el estudio utilizan los mismos. Los micrófonos también, son originales. Los componen o compran nuevos cuando es necesario. Hemos colgado una bandera de México. Usamos una botella de mezcal para detenerla pues está prohibido clavar o pegar sin un permiso especial.

Todo está listo así que la agrupación deja los instrumentos y los fumadores salen por el último cigarro. Las diez siguientes horas tocan. Monster y yo salimos a la calle y paramos el tránsito. Lo retrato como a los Beatles, cruzando la calle.

Monster por Abbey Road

Es la una, ya rompió el día. En la cafetería pido una pinta de cerveza Guinness de barril bien fría. Mi favorita. En el estudio nos han dado fruta. Afuera, ya salió el sol. Adentro, la Agrupación esta lista. Se escucha el click. ¡Grabando! exclaman los ingenieros y Tripulante comienza a sonar. Pasos. Etiquetas Abbey Road, Agrupación Cariño, El lado obscuro del amor, Gira Querer es Poder, México, Música, Reino Unido, UK.