Nazario era un niño cuando Lázaro Cárdenas repartió las tierras de las haciendas en Michoacán. “Tu te robaste cincuenta metros” y por eso, Julio reventó tres plomazos en la cien de Hermenegildo. Nazario lo vio. También cuando otros dos se balacearon porque a uno le tocó el río y el otro no tenía agua.

En una encurcijada conoció a José Barriga. Se le había escapado una mula y Nazario la enlazó. Barriga notó que el joven era huérfano y fuerte así que lo invitó a unirse en su camino. Compraba aguardiente en tierra colorada, cargaba treinta mulas con barriles y los vendía por tierra caliente y el valle de los lagos.

Los borrachos lo conocían. Al ver llegar sus mulas se organizaban. Prendían fogatas, tocaban música y él les vendía arguardiente. Todo el pueblo asistía. Primero reían y bailaban, luego se peleaban y dormían. Barriga no tomaba, servía trago y cobraba billetes. A lo lejos, Nazario cuidaba de las mulas, los barriles y los baúles llenos de billetes con naftalina para que no se los comiera la polilla. Por el día caminaba y José Barriga descansaba sobre una mula. Por las noches debía estar atento a los ladrones. Casi no dormía.

Una noche, Nazario vió a una muchacha y quedó embrutecido. Iba sola. Dejó las mulas, el cargamento y fue tras ella. Entre las sombras la llamó con un chiflido. Ella se acercó y con un costal le cubrió la cabeza. Gritó. Nazario intentó cerrarle la boca, taparle las narices y al no medir su fuerza le tronó el pescuezo. La música disfrazó el encuentro.

Comenzó a sudar. Sobre los hombros se hechó el cuerpo encostalado de la joven y corrió hacia lo más oscuro. Metió una mano al costal y tocó su rostro. Era suave, algo que nunca había sentido. La llevó hasta las mulas. Barriga no había notado su ausencia y seguía vendiendo bebida.

Un impulso lo guió al río. Casi se topa con una pareja. Sumergió el cuerpo. La corriente hizo que lo perdiera de vista.

Al salir el sol Barriga contaba los billetes recién ganados y guajolotes que le habían intercambiado durante la noche. Con un grito despertó y exigió a Nazario preparar las mulas. Era la primera vez que se quedaba dormido.