pirateria

Enfadada, me fugué a vagar por el centro de la ciudad. La tarde amenazaba con obscurecer pero para los vendedores la oportunidad no había desaparecido. Caminé sobre Eje Central, logrando no tropezar con las miles de oficinas portátiles que se instalan sobre la banqueta. En la esquina con República de Uruguay me atrapó un olor a taco. “Mi puesto es un lugar fantasma porque nos ves ahorita y después ya no.” Recordé a David: “Busca el trompo de carne, así es más fácil que ubiques, ahí junto siempre estoy”. Su trompo provocaba el olor.

Quise sorprender a David y me acerqué al bulto de carne. Ahí estaba, como me lo había asegurado, pero acompañado. Hablaba con cara de seriedad con un policía y su pareja que esperaba junto al trompo masticando. Era evidente que no había ignorado la oportunidad de cargarse de energía con carne de cerdo que pronto sería parte de su barriga.

No interrumpí, seguí sin perderlos de vista. Cuando la pareja terminó de nutrirse desaparecieron. Regresé y David ya tenía hipnotizado a un transeúnte. “Trae clases, videos de apunte, cursos, libros, maneja doce tomos, veinticuatro unidades, trae inglés británico, inglés americano, te maneja gramática, pronunciación, vocabulario…” a David no le paraba la boca, le hablaba como si lo hiciera con él a diario, y el hombre se lo compró. Algunos tienen el gen para vender otros para comprar. Le pregunté por sus clientes anteriores, los que no le compraron.

“Pasan en la mañana, antes de comenzar todos a trabajar, pero hoy regresaron. Hay que reportarte y decirles ¿sabes qué? estoy en tal lugar. Y ya pues ellos te dicen pues órales. O pasan y te dicen ¿quieres trabajar?. La cuota es entre cincuenta y cien pesos o depende como anden ellos… pero somos un buen, imagínate. Pasan dos o tres en este lugar, del otro lado de eje central es otra cuota, sobre la torre otra. Si quieres estar de acuerdo pues trabajas y si no pues te agarran y te llevan porque disque estás obstruyendo la vía pública.”

La luz disminuía pero la vendimia callejera seguía activa. “Pues yo ya terminé… te invito un trago” y acepté. Sobre la misma calle entramos a una cantina con más meseros que ebrios. Trajeron chicharrones, cacahuates y dos tequilas. Me contó que acababa de cortar con su novia, que lo había rasguñado “las tonterías luego no son tan tonterías.” Le pregunté por el puesto fantasma y su vendimia vagabunda.

“Tenemos un dirigente, ese tiene plazas, son como que dueños de las casas, también tenemos que entrarles con una cuota, nosotros le decimos piso, pagar piso. Entonces si otra persona se llega a parar en el lugar de nosotros, vamos con el dirigente, le decimos: ¿qué honda? así está la situación… se paró esta persona a vender y pues aquí estoy vendiendo yo. Y el dirigente acciona y le dice: tu aquí no puedes vender. Si él quiere vender tiene que primero hablar con el dirigente para que lo acomode y pueda vender. Se le pagan cien pesos diarios, trabajes o no trabajes, seis días a la semana, el domingo es opcional, si no lo trabajas pues no lo pagas, digámoslo así como que tenemos un día de descanso.

“En mi puesto estamos mi patrón y yo nada más, los que graban discos nos los pasan a nosotros pero en realidad el patrón es, digamos, como un administrador. No quema ni nada. Los compramos a diferentes personas. Inclusive hay laboratorios. Haz de cuenta que ahorita estoy vendiendo ese disco y ya le hablan al del laboratorio. ¿Sabes qué? Vendí este y éste y éste… le pasan una lista y ya quema los discos. En el transcurso del día, en lo que se está vendiendo queman los que están sacando. Los DVDs en veinte pesos los compramos y los CDs en quince, no importa el programa, ahora si que es parejo. Son como tres laboratorios fuertes ahí y le venden a la zona pero Tepito es la matriz.

“El puesto gana como, ya libres, fuera de la mercancía y los pisos y de darles su mordida a los ladronzuelos vestidos de azul pues viene sacando como unos mil pesos o dos mil pesos diarios. Los sábados se vende más, entre cuatro mil y cinco mil pesos pero eso es raro. La mayoría del lugar donde yo estoy hacia el Eje Central si lo saca, si no es que hasta más. Conozco algunos con casas, negocios, coches…

“Un tiempo fui dueño, patrón. Cuando eres patrón tienes que fijarte, que pedir tantos discos, hacer tus portadas, hacer tus acrílicos, tienes que llegar temprano. Aborté la misión y seguí siendo chalán, opté por llevármela más leve y naturalmente pues me gusta y no tanto porque me guste estar en peligro y en contra de la política quesque porque se gana bien. En una empresa tu no vas a ganar trescientos o cuatrocientos pesos en un día, obviamente tienes que tu echarle ganas para salir adelante. Es la historia de nuestra historia.”

David pidió otra ronda y más cacahuates. Nuevos bebedores entraban en la cantina.  “No me da tanto risa, sino miedo. Hace como un mes se llevaron a un amigo. Llegan operativos de un grupo. Ese grupo nada más llega y te quita las cosas y si te ve con las cosas te presenta al MP. Caen de sorpresa no tienen día para llegar. A él se lo llevaron y lo presentaron al MP pero de toda esa mercancía que llevaba lo presentaron con menos de la mitad y ahorita se está chingando en el tambo por andar vendiendo. Yo es a lo que le saco porque si es un riesgo dentro de lo que cabe porque no estás seguro de que un día no te vaya a tocar a ti, estamos en la cuerda floja. Son varias empresas las que trabajamos. Cada compañía tiene sus reglas y si a ti te llevan al MP entonces Microsoft presenta una demanda contra ti, Adobe presenta otra demanda y otra y así… el proceso dura más o menos seis meses.

“La mayoría de las personas que vienen a comprar programas trabajan en empresas o para empresas diseñando, haciendo base de datos, contabilidad, diseño gráfico, empresas que no le dan una licencia para que pueda trabajar pero si le exigen trabajo. Es muy raro el que en realidad tiene un buen baro para comprarse un programa.  El otro día yo chequé un programa que vale cien mil pesos ¿te imaginas? Una persona común, civil como nosotros pues no creo que lo pague, si a duras penas tiene para pagar una renta o no sé, una hipoteca o para comer o para salir al día, vaya. Pero el que en realidad hace el programa permite que lo jaquién, él sube a la red un demo, los hackers crean un crack o un número de serie y ya con eso tu programa está liberado. Pero si en realidad quisieran quitar la piratería podrían prohibir a las compañías vender quemadores y ya.

“Hace unos años me tocó un operativo a mi. Yo trabajaba con otra persona. Nos agarraron en la bodega, se subieron en una vecindad en donde estábamos nosotros y se subieron a la bodega como unos 16 agentes. Yo no me había enterado de la situación. Teníamos radios por donde pedíamos los discos “oye pásame el Corian, oye pásame el Autocad…”, yo marcaba al radio y no me contestaban entonces dije pues ya me voy a subir porque era hora de salida, como siete u ocho de la noche y pues me subí a la bodega de la vecindad. Llegando a la bodega habían como dieciocho agentes todos vestidos de negro y con gorras. Yo iba con mis cosas. Me dijeron: deja tus cosas y ¿a qué bodega vas?. En ese entonces habían como cinco o seis bodegas en ese piso. Me paso a la bodega y no, pues ya tenían a todos de rodillas con la cabeza en el suelo y agrediéndolos verbalmente que ¿dónde están las torres? que ustedes parece que venden droga, que aquí parece tiendita. Pues ya me pasan a mi e igual me ponen en cuclillas, mi cabeza pegada al piso y que nos empiezan a pegar a tres de nosotros. Agarran al del medio y lo empiezan a torturar bien gacho. Le metieron la cabeza a la tasa del baño. Toda sucia, ¿te imaginas?, le tapaban la cabeza con las toallas de baño y también lo agredían psicológicamente pero pegando físicamente. Se llevaron a dos, uno era mi patrón. Los soltaron como al tercero o cuarto día, les quitaron una buena lana como unos cincuenta, cien mil pesos a cada quién. Aquí si no tienes baro te chingas. Inviertes poco y ganas bastante pero te arriesgas, porque si te arriesgas.

“El precio tú lo das, no a todos se las dejas igual, ves a la persona. Fíjate que la otra vez me tocó un cliente que se lo dejé en quinientos pesos un DVD.” David rió. “Ahí si fui muy manchado ¿no? pero lo pagó, no es mi culpa, vaya, que el tenga con qué pagar ¿no? Ese mismo DVD a alguien más se lo vendo hasta en cincuenta. Le empecé a tirar un verbo bien cañón que lo envolví y pues si se veía que tenía baro. En la calle hay muchas envidias. Si te ven que estás vendiendo más que el de a lado, el de a lado ya empieza a conspirar contra ti, a decir cosas como que él lo da mas barato y así empieza una riña entre nosotros pero normalmente nos protegemos unos a otros.

“Hace un tiempo hubo un problema en Eje Central, nos enteramos los de aquí de Uruguay pues que había bronca con los policías entonces nosotros fuimos y les empezamos a pegar, la neta, les pegamos a los policías, rompimos los vidrios de las patrullas, policía que llegaba policía que mazapaneabamos. Hasta los reporteros porque obviamente no quieres salir tú en las fotografías, ni mucho menos que te tengan fichado, señalado más que nada ¿no? Salió inclusive en el periódico y en el periódico decía: Mujeres extremadamente gordas conspiraron contra los policías, la protección ciudadana ha sido agredida, decía. Imagínate eso. La banda en el centro no se porta mal pedo, hay hermandad en ese lado, te ven en una bronca y te ayudan. La banda ahí así es, no te deja morir solo.”

En la rocola sonaba New York con la voz de Frank Sinatra. Por mi mente atravesó el sueño americano, el que hace ser lo que puedes comprar. David bebió el último sorbo del caballito de tequila. Afuera la calle de Uruguay recuperaba la tranquilidad, casi todos los vendedores había partido. “Me laten los lugares más tranquilos, así como ahorita.” Y volteó alrededor hacia los pocos bebedores que nos rodeaban.

“Estoy entonando, ya me piqué.” Buscó su teléfono celular pero no lo encontró. “Mejor me voy a ir a mi casa, mejor, necesito descansar, meditar, pensar. Ya son muchos años los que llevo trabajando en la cuestión de la piratería pero no fue tanto porque yo quisiera sino por la necesidad de estar aquí. A mi me late la poesía, un buen, desde que empecé a andar con mi chava me corté porque ya no me da tiempo. Lo más raro es que yo cuando he estado depre empiezo a escribir, me debrayo, bien cabrón. Pero ando feliz y me olvido de todo ese pedo, lo hago a un lado, pero es una parte de mi bien cabrona. Casi por lo regular yo siento que mi estado de ánimo casi siempre es depre y no porque se porten mal pedo las personas sino porque es que me late estar pensando, divagando, filosofando. Yo tengo un buen de cosas que he escrito, inclusive yo le dije a mi hermano que iba a escribir un libro, pues así en la locura ¿no? Y ya me dice: no pues ya güey, escríbelo. Me late y le iba a poner ese título, ya hasta lo había pensado: Me siento tan solo que hasta mi eco me ha abandonado.”

Pedimos la cuenta y David me acompañó en el metro hasta mi parada final. En el vagón entraron vendedores ofreciendo distintos productos. Lo único que David compró fue el paquete de tres alegrías con nueces y pasas por diez pesos.