Explorando la historia del rock me encontré con una declaración de Fabio Salas Zúñiga, locutor chileno del programa radial Piedra Roja dedicado al rock clásico, que calificaba a Frank Zappa como el gran anarquista del rock and Roll. Al texto lo acompañaba una fotografía en blanco y negro que mostraba a aquel misterioso personaje de elegante bigote de aguacero.

Sus discos están por allá, indicó el vendedor de una de esas tiendas del maldito monopolio que controla el mercado musical mexicano. Seguí sus instrucciones y me enfrenté con una enumeración de álbumes con su nombre que comencé a inspeccionar. Por varios minutos observé portadas con influencia Pop y Dada y comprendí que buscándolo en el sistema no lo iba a encontrar. Aquel día no compré su trabajo y terminé por adquirir otra jugosa manzana musical, muy conocida,  que mi tentación no pudo ignorar: The Doors.

La siguiente semana fue fin de mes y mi presupuesto se limitó otra vez. Aquel compositor iconoclasta seguía generando ruido en mi cabeza. De joven los gustos mutan fácilmente. Yo tenía sed de experimentar y descubrir algo exquisito que respondiera y me explicara el sentido de lo que observaba y asimilaba de mi entorno.  En su música creía poder encontrar  una  respuesta.

Otro día apareció. El peculiar tono satírico e irónico de Zappa surgió en una audioteca subterránea liderada por un excéntrico melómano que en sus buenos tiempos degustó notablemente de los deliciosos matices de la percepción lisérgica.  Aprovechando su experiencia, le pedí  una recomendación introductoria.

“Sus influencias son Edgard Varése y Stravinsky”, y se dio la vuelta para desaparecer entre los montones de discos y libros de la audioteca.

Bien, pensé, mientras mis ojos volaban entre los pasillos de aquel acervo musical. Me quedé inmóvil y con la misma cara desconcertada de la vez anterior pues aunque pregunté no obtuve la respuesta que buscaba. Me sentí perdida.

A los pocos minutos regresó sosteniendo, como charolita, un disco compacto con el hombre cara de mago drogado en la portada.  Partí y casi instantáneamente lo escuché.  Lo que sucedió después es importante experimentarlo individualmente, sólo hay que regalarle 60:05 minutos y al terminar buscarás la manera de extender el tiempo todavía más. Hablo de sonido, reflexión y risas.

Me lo prestó por varios días, debo confesar que hice una copia. A la copia le dibujé una portada y utilicé distintos colores y le escribí Freak out! título original. Todavía tengo y reproduzco aquella creación clandestina que compone el primer LP de la carrera de aquel ya fallecido compositor y guitarrista.

El álbum es pretencioso, sin embargo, con éxito. Zappa se presenta como un arquitecto musical que combina elementos del pop y del rock sesentero a los cuales critica y fragmenta para dar vida a una nueva corriente escéptica partiendo de la idea básica  de formar una orquesta de música electrónica de cámara, cosa que perfeccionó con su agrupación The mothers of invention.

El concepto del álbum encarna perfectamente la antítesis de las canciones cursis y el tontipop que acaparaban los billboards sesenteros. De Zappa, destaca el dominio en la fórmula pop para marchitar las ideas románticamente utópicas del hipismo.  Personajes freaks rechazan a las chicas adolescentes como Suzy Creamcheese mientras que su cochambroso inconsciente se pone al descubierto conjuntando disritmias con melodías. Junto a Hendrix, Zappa es considerado uno de los guitarristas que mejor logró utilizar la tecnología para crear una nueva sensibilidad dentro de la música popular, logrando así que su música, por composición y concepto, sea elegantemente única y lúcida.

Zappa exploró el comportamiento humano identificando cuándo se debe ser docto y cuándo satírico, tanto lírica como musicalmente. Cuestionó el sistema norteamericano y la decadente sociedad que transmutaba  del  “nosotros” al “yo”; criticó el  campo cultural centrado en el ego y el narcicismo postulándose así como un comentarista social y en una ocasión como candidato independiente a la presidencia de los EEUU. Lamentablemente, no ganó.

Genio y sin la ayuda de drogas o aires apostólicos, Zappa exploró y explotó las ciencias sociales y musicales para crear una entretenida crítica y una corriente musical que desnuda y cuestiona un mundo dominado por el corrosivo comportamiento de la sociedad de consumo. Zappa invita a reír, llorar, vomitar y cantar mientras se rebela contra el sistema y la institución a través de un juego prohibido que llega a lo exquisito.  Y como toda buena tentación, una vez que se cae en ella no se puede dejar.

La música de Zappa es diversión con un poco de reflexión. Él, que alguna vez declaró al tabaco como su vegetal favorito, es el único y verdadeo anarquista del rock and roll.